La insoportable levedad de Liz Vilchis, de palera a empaladora de la Cuarta Transformación
Así es como la podemos ver hoy, en un video que publica SDP, el sitio que originalmente se llamó el SENDERO DEL PEJE. En política hay personajes que nacen para construir, otros para confrontar y algunos más para repetir lo que se les dicta. Pero de vez en cuando surge una figura peculiar: aquella que pasó años defendiendo al poder con entusiasmo militante y, de pronto, descubre el valor de la crítica… justo cuando conviene.
Ese tránsito oportunista merece nombre propio.
Hoy muchos observan a Liz Vilchis en esa metamorfosis curiosa: de escudera oficial del discurso presidencial a inquisidora selectiva de las viejas prácticas que durante años ayudó a justificar, minimizar o esconder.
Y ahí aparece la gran pregunta: ¿convicción tardía o cálculo temprano?
Del atril al reflector
Durante mucho tiempo, Vilchis representó una pieza funcional del engranaje político: confrontar medios incómodos, desacreditar críticas, blindar narrativa oficial y convertir la conferencia pública en tribunal mañanero.
No era periodismo.
No era rendición de cuentas.
Era propaganda con micrófono.
Mientras se denunciaban “campañas de desprestigio”, se normalizaba el uso faccioso del aparato comunicacional. Mientras se hablaba de ética pública, se defendían errores evidentes con sonrisa institucional. Mientras se prometía una nueva política, se reciclaban los vicios de siempre.
Pero el tiempo pasa. Los gobiernos envejecen. Las lealtades caducan. Y algunos operadores descubren que conviene mutar antes del cierre de temporada.
Cuando el fuego alcanza la propia casa
Criticar privilegios siempre luce bien… hasta que los privilegios están dentro del propio movimiento.
Entonces llega el momento incómodo: señalar lo que antes se callaba.
Uso patrimonial del cargo.
Familiares favorecidos.
Explicaciones absurdas.
Justificaciones sentimentales para conductas públicas impropias.
De pronto, aquello que era “golpeteo” se convierte en “debate necesario”.
La doble vara es uno de los deportes favoritos de la política mexicana.
La nueva pureza reciclada
Hay algo casi literario en ciertos personajes públicos: se reinventan como si no hubiera archivo.
Quieren presentarse como voz crítica sin asumir que fueron coro oficial. Quieren aparecer como guardianes de principios después de años defendiendo pragmatismos. Quieren vender independencia quienes crecieron pegados al presupuesto narrativo del régimen.
No se trata de negar el derecho a cambiar. Toda persona puede evolucionar.
Pero evolucionar exige autocrítica.
Y ahí suele romperse el encanto.
Porque no basta señalar nuevos pecados si nunca se reconocieron los viejos silencios.
De palera a empaladora
La frase puede sonar dura, pero retrata una práctica conocida: quien ayer golpeaba adversarios por encargo, hoy intenta golpear compañeros para ganar espacio propio.
No cambió el método. Cambió el objetivo.
Sigue habiendo estridencia.
Sigue habiendo oportunismo.
Sigue habiendo cálculo.
Solo cambió el destinatario del garrote.
Eso no es transformación. Es reacomodo.
La levedad del personaje
La verdadera levedad no está en una persona, sino en un estilo político:
defender sin principios,
atacar sin consistencia,
cambiar de bando sin explicación,
hablar de moral según la coyuntura.
Es la política sin peso ético. Sin memoria. Sin profundidad.
Una política hecha de clips, frases virales y posicionamientos instantáneos.
El problema de fondo
Más allá de nombres propios, México sigue atrapado en figuras mediáticas que sustituyen ideas por escándalo. Operadores convertidos en celebridades. Voceros reciclados como analistas. Militantes maquillados de periodistas. Críticos de ocasión presentados como conciencia pública.
Y mientras tanto, los problemas reales siguen esperando:
seguridad, salud, crecimiento, justicia, agua, instituciones.
Pero eso da menos likes que una pelea interna.
Liz Vilchis quizá no sea la causa del deterioro político, pero sí un síntoma visible.
El síntoma de una época donde muchos confundieron lealtad con servilismo, crítica con facción y comunicación con propaganda.
Hoy algunos quieren vestirse de pureza después de años cargando lodo.
El problema es que la memoria pública tarda… pero llega.
Y cuando llega, recuerda quién aplaudía ayer lo que denuncia hoy.
La insoportable levedad de Liz Vilchis, de palera a empaladora de la Cuarta Transformación.
— Feeling.Mx (@FeelingMx) April 17, 2026
Temas: El Sendero del Peje, Liz Vilchis, Marcelo Ebrard, SDP Noticias
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