Síguenos:  
Información pura, no pura información.
Publicidad

Cuando la música deja de ser arte y se convierte en propaganda

Publicado: mayo 30, 2026
Compartido por:

El periodista Marco Levario Turcot, hace una buena definición de un trabajo mediocre de la tijuanense Julieta Venegas.

La música siempre ha sido un terreno peligroso para el poder. Porque una buena canción no necesita discursos, ni conferencias, ni campañas publicitarias. Una buena canción se instala sola en la memoria colectiva. Sobrevive a gobiernos, ideologías y generaciones.

Por eso llama la atención la polémica que ha generado la reciente pieza musical interpretada por Julieta Venegas y promovida dentro de una narrativa oficialista. Las críticas no han venido únicamente de opositores políticos, sino también de personas vinculadas al análisis cultural y artístico, como Marco Levario Turcott, quien cuestionó duramente tanto la calidad musical como la producción audiovisual.

Pero más allá de si la canción gusta o no, el debate de fondo es otro.

¿Debe el arte servir al poder?

La historia demuestra que cuando la música se pone al servicio de una causa política, corre el riesgo de perder aquello que la hace valiosa: su autenticidad.

No importa si hablamos de gobiernos de izquierda, de derecha o de centro. Cuando el mensaje político se vuelve más importante que la emoción, la obra suele convertirse en propaganda. Y la propaganda tiene una característica muy peculiar: envejece rápido.

Las grandes canciones de protesta, de amor, de esperanza o de crítica social nacieron porque sus autores tenían algo que decir. No porque alguien les encargara transmitir un mensaje institucional.

México tiene ejemplos extraordinarios. Desde los corridos revolucionarios hasta la trova latinoamericana, pasando por el rock, el bolero o la música popular. Muchas de esas obras trascendieron porque conectaron con la experiencia humana antes que con la agenda política de su tiempo.

Por eso resulta curioso observar cómo, en una época donde millones de canciones compiten diariamente por la atención del público, todavía existe la idea de que una producción musical puede convertirse en herramienta de convencimiento político.

La realidad suele ser más simple.

La gente escucha aquello que la emociona.

No aquello que le quieren vender.

Y cuando una canción es percibida como un vehículo de propaganda, el público lo detecta casi de inmediato. Tal vez no tenga los conocimientos técnicos para analizar armonías, arreglos o estructuras musicales, pero sí posee un instinto muy desarrollado para reconocer cuándo una obra nace de una necesidad artística y cuándo nace de una necesidad política.

Eso no significa que los artistas deban mantenerse alejados de los asuntos públicos. Todo lo contrario. Los creadores tienen pleno derecho a expresar sus ideas, apoyar causas, criticar gobiernos o defender proyectos políticos.

La diferencia es enorme.

Una cosa es que un artista utilice su arte para expresar una convicción.

Y otra muy distinta es que el arte parezca subordinado a una narrativa previamente diseñada.

El verdadero problema no es Julieta Venegas. Tampoco es Morena, ni la oposición.

El problema aparece cuando se confunde cultura con comunicación política.

Cuando la canción deja de intentar conmover y empieza a intentar convencer.

Cuando la melodía se vuelve secundaria frente al mensaje.

Cuando el arte deja de dialogar con la sociedad para comenzar a repetir consignas.

Porque entonces ya no estamos ante una obra artística. Estamos frente a un instrumento de promoción.

Y los instrumentos de promoción rara vez sobreviven al paso del tiempo.

Las canciones que permanecen son las que hablan de amor, de dolor, de esperanza, de injusticia, de sueños y de fracasos. Las que nacen de la libertad creativa.

Las demás suelen terminar archivadas junto con los discursos, los eslóganes y las campañas que las inspiraron.

La música puede acompañar a los gobiernos. Puede criticarlos. Puede celebrarlos o enfrentarlos.

Pero cuando se convierte en vocera del poder, corre el riesgo de perder la única legitimidad que realmente importa:

La que le otorga el público.

Feeling.Mx | Periodismo que se siente.

En las secciones: Destacado
Temas: ,
Publicidad
La empresa editora Radionautas.org y Feeling.Mx revistas online, agradecen cada una de las opiniones y comentarios en este sitio. Gracias a la entusiasta participación de lectores y oyentes como tú, que ejercen la libertad de expresión en este portal, aportan un valor importante. Estamos convencidos que Internet es la herramienta mas democrática para practicar la libertad de expresión y servir como medio de crítica y opinión. Deja un mensaje escrito aquí o envía un correo electrónico con audio mp3 adjunto a: correo@maxfeeling.com
Por el respeto a esta libertad de todos, debemos informarte que Feeling.Mx y Radionautas.org se reservan el derecho a editar o publicar mensajes obscenos o bien que atenten contra la ley y la dignidad de terceros. ¡Gracias por tu aportación!

COMPARTIR / RECOMENDAR:

Lo último

Cargado, espera un momento.