El Niño, huracanes y una pregunta incómoda para Baja California y Ensenada
El Niño, huracanes y una pregunta incómoda para Baja California y Ensenada; Junio 10 de 2026.- Durante años, cuando los mexicanos escuchábamos la palabra «huracán», la mayoría pensaba en el Caribe, el Golfo de México o la península de Yucatán.
Baja California parecía estar lejos de esa conversación.
Pero el clima está cambiando.
Y también los riesgos.
Sus especialistas anticipan una temporada de ciclones tropicales más activa de lo normal durante 2026, impulsada por aguas oceánicas excepcionalmente cálidas y por el desarrollo de un fenómeno de El Niño que podría fortalecerse durante la segunda mitad del año.
Las cifras llaman la atención.
Los meteorólogos estiman entre 17 y 22 tormentas con nombre en el Pacífico Oriental, de las cuales entre 9 y 13 podrían convertirse en huracanes y entre 4 y 8 alcanzar categoría mayor. Además, proyectan entre 6 y 9 impactos directos sobre costas de México y Centroamérica.
Lo más relevante para Baja California es que los expertos advierten un riesgo superior al promedio para Baja California Sur y una mayor probabilidad de que sistemas tropicales o su humedad asociada se desplacen más al norte de lo habitual, alcanzando regiones cercanas a la frontera con Estados Unidos.
Hace apenas unos años, muchos habrían considerado exagerado hablar de tormentas tropicales afectando California.
Entonces llegó Hilary en 2023.
Y después Kay.
Ambos fenómenos demostraron que la naturaleza no consulta mapas políticos antes de cambiar sus patrones.
Para Ensenada, la amenaza no necesariamente significa vientos devastadores o el impacto directo de un huracán.
El verdadero riesgo puede venir en forma de lluvias extraordinarias.
Arroyos que normalmente permanecen secos.
Deslaves en zonas vulnerables.
Inundaciones repentinas.
Daños a carreteras, infraestructura y servicios.
Porque un ciclón no necesita tocar tierra para generar problemas a cientos o incluso miles de kilómetros de distancia.
La historia de Otis en Acapulco sigue siendo una advertencia vigente. En cuestión de horas pasó de ser una tormenta tropical a un huracán categoría cinco, dejando muy poco tiempo para reaccionar. Los especialistas consideran que las temperaturas excepcionalmente cálidas del océano favorecen procesos de intensificación rápida como ese.
La buena noticia es que un pronóstico no es una sentencia.
No significa que una tragedia vaya a ocurrir.
Significa que existe una mayor probabilidad de eventos extremos.
Y precisamente para eso sirven los pronósticos: para prepararse antes de que sea necesario improvisar.
La pregunta incómoda para los gobiernos municipales, estatales y federales es sencilla:
¿Estamos listos?
¿Se han limpiado los cauces?
¿Se han identificado las zonas de riesgo?
¿Funcionan los sistemas de alerta?
¿Existe capacidad suficiente para responder a inundaciones o deslaves?
Porque los fenómenos naturales no siempre se convierten en desastres.
Muchas veces el desastre ocurre cuando la naturaleza se encuentra con la negligencia humana.
El Niño todavía está desarrollándose. De acuerdo con el Centro de Predicción Climática de la NOAA, existe una alta probabilidad de que se establezca durante 2026 y continúe hacia el invierno de 2027.
Todavía hay tiempo para prepararse.
Todavía hay tiempo para prevenir.
Todavía hay tiempo para hacer lo que históricamente hacemos después de la emergencia.
La diferencia es que esta vez la advertencia llegó antes.
Y cuando la advertencia llega antes, ya no se vale decir que nadie lo vio venir.
Desde www.feeling.mx
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Ya tienes la información, ahora que tengas un gran día.
¿Estamos preparados para una temporada de huracanes más intensa?
El fenómeno de El Niño podría aumentar la actividad ciclónica en el Pacífico y elevar el riesgo de tormentas que afecten las costas de México, incluyendo la península de Baja California.
En Ensenada solemos pensar que los huracanes ocurren lejos de aquí. La historia reciente nos ha demostrado que las lluvias extremas, los deslaves y las inundaciones pueden llegar más rápido de lo que imaginamos.
La pregunta incómoda no es si vendrá una tormenta.
La pregunta es si estamos preparados cuando llegue.
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