Quien juzga desde el poder… «No se vaya a quemar», revira Sheinbaum a preguntón | VIDEO
Con esas cuatro palabras, pronunciadas desde la locación del montaje editorial e informativo, durante la conferencia conocida como La Mañanera del Pueblo, la presi Claudia Sheinbaum respondió al expresidente Vicente Fox, quien había dicho que «metía las manos al fuego y hasta las botas» por Ernesto Ruffo Appel.
La frase provocó risas.
Pero detrás del ingenio político hay un asunto mucho más serio.
— Vicente Fox Quesada (@VicenteFoxQue) July 24, 2026
Cuando el tema es un proceso penal en curso, ¿hasta dónde puede llegar un titular del Poder Ejecutivo sin influir en la percepción pública de culpabilidad?
La conversación continuó.
Ante la pregunta de si podía demostrarse que Ernesto Ruffo era accionista de Ingemar, un distractor para el que no hay delito, ser o no ser, muy teatral la presi respondió con seguridad:
«Él es el principal accionista.»
Y añadió que la Fiscalía podría mostrar el registro público de la empresa.
Más allá de que esa información pueda o deba, o no acreditarse documentalmente, lo relevante es otra cosa, no el delito que le imputan sino si es, o no es, accionista de una empres, lo que no es ilegal, pero: quien lo afirma no es un comentarista, ni un legislador, ni un dirigente partidista. Es la «mera mera» Presi de la maltratada República.
En un Estado de derecho, corresponde a la Fiscalía presentar pruebas y a los tribunales valorarlas. El debate público puede ser intenso, pero la determinación de responsabilidades penales pertenece al Poder Judicial… que está en entredicho, como lo intenta plantear el preguntón.
Cuando desde el Ejecutivo se hacen afirmaciones categóricas sobre un caso aún en proceso, inevitablemente surge una pregunta: ¿se fortalece la confianza en las instituciones o se alimenta la percepción de que el juicio también se libra desde la tribuna política?
Después, cambió de tema. El «preguntero» enlazó el caso Ruffo con Ricardo Salinas Pliego y una resolución judicial en Inglaterra. Dos asuntos distintos que terminaron unidos en una misma narrativa política simplista.
Ese es precisamente uno de los rasgos de las producciones matutinas: la agenda cambia de un caso judicial a otro, de un empresario a un opositor, de una crítica a una respuesta, construyendo una narrativa que trasciende los expedientes.
La justicia necesita pruebas.
La política necesita discursos.
Cuando ambas comienzan a confundirse, el mayor riesgo no es para un acusado ni para un gobierno.
Es para la credibilidad de las instituciones.
Porque ningún mexicano debería ser condenado primero en la conversación pública y después en un tribunal.
Y tampoco debería absolverse a nadie sin que la ley haga su trabajo.
La fortaleza de una democracia no se mide por la contundencia de las frases pronunciadas desde el poder, sino por la independencia con la que actúan sus jueces y por la confianza de la ciudadanía en que las sentencias se dictan en los tribunales, no frente a un micrófono.
Mientras tanto, las instituciones ya siguen la ruta de Palenque, rumbo a la…
Lean a @SergioSarmiento:
El preso político
“La prensa mexicana pudo asistir a las audiencias de ‘El Mayo’ en Brooklyn, pero no a las de Ruffo en Almoloya.
En el proceso contra Ruffo se ha violado sistemáticamente la presunción de inocencia” pic.twitter.com/I2JGATAy3q
— Fernando Belaunzarán (@ferbelaunzaran) July 24, 2026
Un juez de carrera revisó el expediente contra Ruffo y negó las órdenes de aprehensión: la Fiscalía no acreditaba nada. Tres semanas después, la misma Fiscalía tocó otra puerta, una jueza recién electa, de guardia, y en 24 horas el que había sido citado como testigo amaneció… pic.twitter.com/BNwZKMx88m
— José Mario (@JoseMarioMX) July 23, 2026
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