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La soberanía no cabe en una visa

Publicado: agosto 17, 2026
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La soberanía no cabe en una visa ¡Híjole! Qué tristeza que a estas alturas del debate público mexicano estemos desperdiciando tiempo, espacios informativos, conferencias, declaraciones partidistas y energía política discutiendo si la cancelación de una visa estadounidense constituye un atentado contra la soberanía nacional.

Durante décadas hemos conocido casos de mexicanos a quienes Estados Unidos les ha retirado una visa.

Funcionarios.

Políticos.

Empresarios.

Artistas.

Ciudadanos comunes.

También conocemos miles de historias de personas a quienes simplemente les rechazaron una solicitud de visa, muchas veces sin recibir una explicación detallada.

Y hasta ahora nunca habíamos escuchado semejante construcción política:

“Me quitaron la visa; por lo tanto, atentaron contra la soberanía de México.”

No.

La soberanía nacional es algo muchísimo más serio.

Estados Unidos decide quién entra a Estados Unidos. México decide quién entra a México.

Podremos cuestionar las razones.

Podremos sospechar motivaciones políticas.

Podremos exigir explicaciones cuando el afectado sea una persona de relevancia pública.

Incluso podremos debatir si Washington utiliza las visas como instrumento de presión diplomática.

Todo eso es legítimo.

Pero una cosa es discutir la decisión de otro gobierno y otra muy diferente convertir el problema migratorio particular de un ciudadano mexicano en una afrenta a la República.

Y ahí es donde el asunto comienza a resultar preocupante.

Porque cuando el afectado tiene un apellido poderoso, de pronto aparece Morena hablando de soberanía, de injerencia extranjera, de defensa de la patria y hasta convocando movilizaciones políticas.

Entonces surge inevitablemente una pregunta:

¿La soberanía nacional depende ahora de quién perdió la visa?

¿Qué ocurre con los mexicanos comunes a quienes les han negado una?

¿Qué pasa con quienes han sido deportados?

¿Qué ocurre con los millones que viven en Estados Unidos sin documentos migratorios?

¿Su situación también genera posicionamientos nacionales, comunicados partidistas y discursos sobre la soberanía?

¿O esa interpretación solamente aparece cuando el apellido del afectado es López Beltrán?

Porque Andrés Manuel López Beltrán es un ciudadano mexicano.

Con influencia partidista, sí.

Hijo de un expresidente, también.

Aprendiz de político, si se quiere.

Pero no es México.

No representa al Estado mexicano.

No es embajador.

No es canciller.

No ocupa la Presidencia de la República.

Y su visa no forma parte del territorio nacional.

Ése es el punto que parece haberse perdido entre tanta retórica.

La soberanía de México no está plastificada dentro de una visa.

No desaparece cuando un consulado niega una solicitud.

No se reduce cuando Washington cancela una autorización de entrada.

La soberanía está en nuestras instituciones, nuestro territorio, nuestra Constitución, nuestras decisiones democráticas y nuestra capacidad como país para gobernarnos sin sometimiento extranjero.

Por eso resulta hasta triste ver a dirigentes políticos elevar un asunto personal a categoría de conflicto nacional.

México tiene demasiados problemas reales como para inventarse otro.

Tenemos violencia.

Desapariciones.

Extorsión.

Crisis de seguridad.

Problemas de salud.

Informalidad laboral.

Corrupción.

Deficiencias educativas.

Presiones comerciales con Estados Unidos.

Migración.

Narcotráfico.

Una relación bilateral extraordinariamente compleja.

Y mientras todo eso exige atención, estamos discutiendo si la visa de un hijo del expresidente constituye una causa nacional.

¡Qué pérdida de tiempo!

Los medios tenemos responsabilidad también.

Claro que debemos informar.

Claro que debemos preguntar por qué ocurrió.

Claro que debemos seguir cualquier consecuencia política.

Pero tampoco deberíamos aceptar mansamente que un partido transforme cualquier problema particular de una familia poderosa en prioridad nacional.

Si existen elementos de auténtica injerencia extranjera, que se presenten.

Si hubo presión sobre alguna decisión soberana del gobierno mexicano, que se documente.

Si existe una acción contra las instituciones nacionales, discutámosla con toda seriedad.

Pero si solamente estamos frente a la revocación de una visa, llamemos a las cosas por su nombre.

Es una visa.

No Baja California.

No Sonora.

No el Golfo de México.

No nuestra Constitución.

No nuestra democracia.

No nuestra soberanía.

Y quizá el problema de fondo sea precisamente ése:

durante demasiado tiempo hemos permitido que la conversación nacional gire alrededor de personas y apellidos, en vez de alrededor de instituciones y ciudadanos.

Dejen de convertir los problemas particulares del hijo del Peje en asuntos de Estado.

Porque México tiene problemas mucho más importantes.

Y porque, afortunadamente, la soberanía nacional es infinitamente más grande que una visa estadounidense.

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