México, ¿el país más ignorante del mundo?
La imagen es brutal. Un mapamundi. México pintado de rojo.Y encima, una palabra que nadie quiere cargar: ignorancia.
Durante años ha circulado en internet el llamado “Mapa de la ignorancia”, construido a partir de un estudio internacional de Ipsos MORI.
Y sí:
México apareció en primer lugar.
Pero antes de que nos pongamos las orejas de burro como nación, hay que explicar qué significa realmente ese resultado.
Porque el estudio no preguntó capitales del mundo, matemáticas, historia, física o literatura.
No midió coeficiente intelectual.
No evaluó el sistema educativo.
Y tampoco concluyó científicamente que los mexicanos fueran “las personas más ignorantes del planeta”.
Lo que Ipsos hizo fue algo diferente y, quizá, todavía más interesante.
Preguntó a miles de personas cómo imaginaban la realidad de sus propios países.
¿Cuántos inmigrantes hay?
¿Cuántas personas tienen sobrepeso?
¿Cuánta riqueza posee el uno por ciento más rico?
¿Cuántos jóvenes viven con sus padres?
¿Cuántas personas viven en zonas rurales?
¿Cuántos tienen acceso a internet?
Después comparó esas respuestas con los datos reales.
Y ahí México salió muy mal parado.
La imagen tiene un origen real, pero necesita contexto antes de convertirla en sentencia nacional. El llamado “Índice de la Ignorancia” fue publicado por Ipsos MORI con datos recabados en octubre de 2015. México apareció en primer lugar, pero el estudio no midió inteligencia,…
— Feeling.Mx (@FeelingMx) August 19, 2026
En aquel estudio de 2015, México fue el país cuyas respuestas estuvieron, en conjunto, más alejadas de la realidad entre los países incluidos en ese índice.
Y esa diferencia es importantísima.
Porque una cosa es no saber.
Y otra, posiblemente más peligrosa, es estar convencido de algo que no es cierto.
Ese es el verdadero tema.
La ignorancia más peligrosa no dice “no sé”
Quien reconoce que desconoce algo todavía tiene una enorme oportunidad.
Puede preguntar.
Puede investigar.
Puede aprender.
Puede cambiar de opinión.
El verdadero problema comienza cuando alguien desconoce un asunto pero está absolutamente convencido de dominarlo.
Cuando comparte antes de verificar.
Cuando opina antes de leer.
Cuando sentencia antes de comprender.
Cuando una publicación de Facebook pesa más que una estadística.
Cuando un video de treinta segundos derrota años de investigación.
Cuando aquello que confirma nuestras creencias automáticamente nos parece verdadero y aquello que las contradice inmediatamente lo llamamos mentira.
Eso no comenzó con las redes sociales.
Pero las redes construyeron para ello una extraordinaria autopista.
Y aquí el viejo mapa vuelve a tener actualidad.
Ipsos continuó estudiando durante la década siguiente la distancia entre percepción y realidad.
En su informe de 2024 encontró que seguimos exagerando muchas de las cosas que nos preocupan: criminalidad, inmigración, concentración de riqueza y otros asuntos sociales.
Además, en promedio entre treinta países, 45 por ciento señaló a las redes sociales como la principal causa de que las personas tengan percepciones equivocadas sobre la realidad.
Ahí está la verdadera alarma.
Porque vivimos en la época con mayor acceso a información de toda la historia humana.
Tenemos bibliotecas enteras dentro del teléfono.
Podemos consultar estadísticas.
Documentos.
Leyes.
Investigaciones científicas.
Periódicos de cualquier país.
Universidades.
Archivos históricos.
Y, sin embargo, tener acceso a toda la información del mundo no significa necesariamente estar mejor informado.
Tenemos más información.
Pero también tenemos más ruido.
Más propaganda.
Más manipulación.
Más videos fuera de contexto.
Más titulares diseñados para provocar enojo.
Más fotografías alteradas.
Más cuentas anónimas.
Más influencers opinando sobre asuntos que jamás estudiaron.
Y ahora también tenemos inteligencia artificial capaz de fabricar imágenes, voces y videos extraordinariamente convincentes.
Por eso quizá necesitamos redefinir qué significa ser ignorante en el siglo XXI.
Ignorante ya no es solamente quien desconoce algo.
También puede ser quien teniendo toda la información disponible decide no comprobarla.
Y aquí aparece la política
Porque una sociedad que confunde percepción con realidad es extraordinariamente vulnerable.
Si creemos que la delincuencia aumentó aunque los datos digan otra cosa, votaremos con miedo.
Si creemos que disminuyó cuando las cifras muestran lo contrario, podremos tolerar la incompetencia.
Si exageramos la migración, podemos construir enemigos imaginarios.
Si minimizamos la corrupción, podemos normalizarla.
Si creemos que todos los políticos son ladrones, dejamos de distinguir entre quien roba y quien no.
Y si creemos ciegamente que “los nuestros” son buenos y “los otros” son malos, dejamos de ser ciudadanos.
Nos convertimos en aficionados.
La democracia necesita algo más que votos.
Necesita ciudadanos capaces de distinguir entre dato, opinión, propaganda y mentira.
Y eso vale para todos.
Para Morena.
Para el PAN.
Para el PRI.
Para Movimiento Ciudadano.
Para la izquierda.
Para la derecha.
Para el gobierno.
Para la oposición.
Y también para quienes hacemos medios de comunicación.
Porque la ignorancia no tiene partido político.
Pero tampoco usemos aquel mapa para insultarnos
Aquí también debemos ser responsables.
El estudio original tuvo limitaciones.
La investigación se realizó principalmente mediante paneles en línea y los tamaños de muestra variaban entre aproximadamente quinientas y poco más de mil personas dependiendo del país. El propio Ipsos advirtió que, en naciones con menor penetración de internet, una muestra conectada podía no representar perfectamente a toda la población.
Por eso sería absurdo tomar aquella encuesta de 2015 y afirmar en 2026:
“México sigue siendo el país más ignorante del mundo”.
No sabemos eso.
El estudio no permite afirmarlo.
Pero desechar completamente su mensaje sería otro error.
Porque nos dejó frente a una pregunta incómoda que sigue vigente:
¿Qué tanto conocemos realmente el país en el que vivimos?
¿Cuántos mexicanos somos?
¿Cuánto recauda el gobierno?
¿Cuánto debemos?
¿Cuántos homicidios ocurren?
¿Cuánto cuesta realmente mantener los programas sociales?
¿Cuántas personas viven en pobreza?
¿Cuánta agua tenemos?
¿Cuánto produce México?
¿Cuánto importamos?
¿Cuánto gastamos en educación?
¿Cuánto en salud?
¿Cuánto creemos saber simplemente porque alguien nos lo dijo?
Tal vez deberíamos hacer ese ejercicio.
Antes de discutir una cifra:
buscarla.
Antes de compartir una noticia:
verificarla.
Antes de indignarnos:
leer.
Antes de defender a un político:
exigirle pruebas.
Antes de acusarlo:
también.
Porque posiblemente el problema no sea aparecer alguna vez en el primer lugar de un viejo Mapa de la Ignorancia.
El verdadero problema sería mirar ese mapa once años después…
reírnos de él,
insultarnos unos a otros,
compartirlo sin conocer su origen,
no investigar cómo fue elaborado
y demostrar, precisamente mientras lo difundimos,
que todavía no hemos entendido la lección.
La ignorancia tiene remedio.
Se llama educación.
Se llama lectura.
Se llama curiosidad.
Se llama pensamiento crítico.
Y comienza con tres palabras que, lejos de avergonzarnos, deberían acompañarnos durante toda la vida:
“No lo sé”.
Porque después de reconocerlo viene la pregunta verdaderamente inteligente:
¿cómo puedo saberlo? Consultemos a las fuentes más autorizadas y verifiquemos las respuestas a nuestras preguntas.
Y aquí es donde el editorial se vuelve todavía más interesante: pasemos de las percepciones a los números. Tomemos el dato oficial más reciente disponible y señalemos el año, porque no todas las estadísticas se actualizan al mismo tiempo.
¿Qué tanto conocemos realmente el país en el que vivimos?
No existe una medida única. Pero hay una advertencia incómoda: en el estudio de Ipsos de 2015, México quedó como el país con mayores errores de percepción entre los evaluados. No midió inteligencia, sino distancia entre lo que la gente creía y los datos reales.
¿Cuántos mexicanos somos?
Aproximadamente 134.4 millones de habitantes en 2026, según las proyecciones demográficas de CONAPO.
¿Cuánto recauda el gobierno?
En el último año completo, 2025, los ingresos presupuestarios del sector público fueron de 7.975 billones de pesos. Para 2026 se presupuestaron 8.721 billones.
¿Cuánto debemos?
La medida amplia de deuda pública, el SHRFSP, cerró 2025 en 18.577 billones de pesos, 52.6 % del PIB. Para junio de 2026 rondaba ya los 19 billones de pesos.
¿Cuántos homicidios ocurren?
En 2025 se registraron preliminarmente 27,989 presuntos homicidios, una tasa de 21.4 por cada cien mil habitantes. Es el dato anual más reciente del INEGI, publicado apenas este 18 de agosto de 2026.
¿Cuánto cuesta realmente mantener los programas sociales?
Si hablamos específicamente de los Programas para el Bienestar, el gobierno destinó para 2026 aproximadamente un billón de pesos. Eso no incluye todo el gasto social del Estado.
¿Cuántas personas viven en pobreza?
La última medición multidimensional disponible señala 38.5 millones de personas en 2024, equivalentes al 29.6 % de la población. Y aquí se abre otra pregunta: ¿No se supone que ya se acabó con la pobreza?
¿Cuánta agua tenemos?
La disponibilidad ronda 3,656 metros cúbicos por habitante al año. Hace siete décadas eran 17,742. Para 2030 se proyectan apenas 3,285. Además, la agricultura utiliza más del 70 % del agua concesionada.
¿Cuánto produce México?
Medido por el PIB, la economía mexicana alcanzó un valor nominal anualizado de aproximadamente 36.31 billones de pesos al cierre de 2025.
¿Cuánto importamos?
Durante 2025 México importó mercancías por aproximadamente 664,066 millones de dólares: más de 664 mil millones de dólares en un solo año.
¿Cuánto gastamos en educación?
Para 2026 se asignaron alrededor de 1.1 billones de pesos a educación, incluyendo educación básica, media superior, superior, becas e infraestructura.
¿Cuánto gastamos en salud?
El presupuesto federal planteado para 2026 ronda los 966 mil millones de pesos para salud.
Y la última quizá sea la mejor:
¿Cuánto creemos saber simplemente porque alguien nos lo dijo?
Eso no puede expresarse seriamente con una cifra nacional. Pero Ipsos encontró en 2024 que, en promedio entre treinta países, 45 % de los encuestados señaló a las redes sociales como la principal causa de que las personas tengan percepciones equivocadas sobre la realidad.
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