Quién es quién en los tuits que sí son verdaderos
Quién es quién en los tuits que sí son verdaderos. Liz Vilchis y el tuit que sí es verdad
El archivo no olvida. Pero el contexto tampoco debe olvidarse.
Durante años, Ana Elizabeth García Vilchis apareció cada miércoles en Palacio Nacional para decirnos qué era verdad y qué era mentira.
“Quién es quién en las mentiras de la semana”.
Ahí exhibía publicaciones.
Recuperaba tuits.
Mostraba capturas.
Señalaba periodistas.
Corregía datos.
Y convertía el archivo de internet en evidencia pública.
Bueno. Gracias a Dios, hoy podemos hacer varias reflexiones…
Este tuit es una joya. https://t.co/4V7MaCBJKb pic.twitter.com/d5FVYQNdHH
— Dios (@Dios_0ficial) August 21, 2026
Ahora el archivo llamó a su puerta.
En las últimas horas comenzó a circular una captura de un mensaje publicado en su cuenta de Twitter —hoy X— el 29 de marzo de 2013:
“Yo sí le daba a todos los chamaquitos de One Direction.”
Y como corresponde hacer cuando algo comienza a circular en redes, fuimos a verificarlo.
No es Photoshop.
No es inteligencia artificial.
No es una cuenta falsa.
No es uno de esos montajes que tantas veces contaminan la conversación pública.
El tuit existe.
Todavía puede encontrarse en la cuenta de Liz Vilchis.
Así que ésta sería quizá una oportunidad irresistible para inaugurar una nueva sección:
Quién es quién en los tuits que sí son verdaderos.
Pero tampoco exageremos.
“Chamaquitos” no significa aquí menores de edad
Porque inmediatamente aparece otra tentación de las redes sociales:
sacar una palabra de contexto y convertirla en algo mucho más grave de lo que realmente fue.
Cuando Liz Vilchis escribió aquello tenía alrededor de 23 años.
Y los integrantes de One Direction eran jóvenes, sí.
Pero adultos.
Harry Styles tenía 19 años.
Niall Horan, 19.
Liam Payne, 19.
Zayn Malik, 20.
Y Louis Tomlinson, 21.
Así que no.
El tuit no demuestra ninguna atracción hacia menores de edad.
Quien quiera utilizarlo para insinuar algo semejante estaría haciendo exactamente aquello que deberíamos criticar:
manipular el contexto.
“Chamaquitos” era simplemente la forma coloquial de referirse a cinco jóvenes famosos.
¿La frase es vulgar?
Sí.
¿Sexualmente explícita?
Bastante.
¿Especialmente elegante?
Definitivamente no.
¿Delictiva?
No.
¿Sobre menores?
Tampoco.
Y precisamente porque durante años García Vilchis se dedicó profesionalmente a señalar manipulaciones informativas, sería bastante paradójico responder ahora con otra manipulación.
Entonces, ¿dónde está lo interesante?
No está en convertir aquel comentario juvenil en un escándalo sexual.
Está en algo mucho más relevante:
internet tiene memoria.
Y quienes convierten el pasado digital de los demás en material de escrutinio público deberían recordar que sus propios archivos también existen.
García Vilchis llegó a ser uno de los rostros más reconocibles del gobierno de Andrés Manuel López Obrador precisamente encabezando una sección dedicada a recuperar declaraciones, publicaciones y errores de terceros.
Durante años, desde un espacio institucional extraordinariamente poderoso, se revisaron tuits de periodistas, políticos, empresarios y opositores.
Algunos recientes.
Otros antiguos.
Algunos relevantes.
Otros francamente anecdóticos.
Hoy García Vilchis ya no ocupa aquella función presidencial; desde 2025 encabeza un espacio periodístico en el Sendero Del Peje -SDP- Noticias.
Y ahora son otros quienes escarban en su archivo.
Eso debería dejarnos una enseñanza que trasciende a Liz Vilchis.
Todos tenemos un cementerio digital
Pensemos en lo que escribíamos hace trece años.
En Facebook.
En Twitter.
En viejos blogs.
En comentarios.
En fotografías.
En conversaciones públicas.
¿Pensábamos exactamente igual?
Probablemente no.
¿Utilizábamos las mismas palabras?
Seguramente tampoco.
¿Escribimos alguna estupidez?
Quien diga que jamás lo hizo posiblemente acaba de escribir otra.
Porque las personas cambian.
Maduran.
Rectifican.
Aprenden.
El problema de internet es que nosotros evolucionamos…
pero el archivo no.
Una frase escrita en treinta segundos puede sobrevivir treinta años.
Y entonces aparece una pregunta fascinante para nuestra época:
¿debemos juzgar permanentemente a alguien por todo lo que escribió alguna vez?
Yo creo que no.
Pero depende.
Si aquel mensaje revela una conducta grave.
Si contradice directamente una posición pública actual.
Si demuestra hipocresía.
Si permite entender decisiones posteriores.
Entonces puede resultar pertinente.
Pero si únicamente demuestra que una mujer de 23 años encontraba sexualmente atractivos a cinco cantantes adultos…
pues la verdad:
tampoco descubrimos Watergate.
Lo divertido es la ironía
Eso sí.
La ironía es magnífica.
Porque quien pasó años diciéndonos:
“esto sí ocurrió”.
“esto no ocurrió”.
“este mensaje es falso”.
“este otro fue manipulado”.
ahora tiene enfrente un tuit que podría someterse al mismo procedimiento.
Fecha:
29 de marzo de 2013.
Cuenta:
Liz Vilchis.
Texto:
auténtico.
Veredicto:
Verdadero.
Podríamos hasta ponerle el famoso marcador de aquellas mañaneras.
No es falso.
No está alterado.
No fue generado con inteligencia artificial.
Y tampoco necesitamos una complicada investigación periodística para comprobarlo.
El propio enlace permanece en X.
Pero aquí viene la parte importante
Si algo criticamos durante años del “Quién es quién en las mentiras” fue precisamente la utilización del poder gubernamental para colocar personas en el paredón público.
No repitamos nosotros lo mismo.
La libertad de expresión significa también el derecho a decir estupideces.
A hacer bromas.
A ser irreverente.
A hablar de sexo.
A cambiar.
A arrepentirse.
Y hasta a dejar atrás aquello que alguna vez escribimos.
Liz Vilchis tenía derecho en 2013 a decir que le atraían los integrantes de One Direction.
Como cualquier otra persona adulta.
Lo que sí resulta legítimo recordar es que la vara con la que medimos a los demás algún día puede medirnos a nosotros.
Ésa debería ser la verdadera reflexión.
Porque durante mucho tiempo la política mexicana convirtió las redes sociales en una gigantesca hemeroteca para desacreditar adversarios.
Un tuit de hace diez años.
Una fotografía de hace quince.
Una frase desafortunada.
Un comentario juvenil.
Todo podía convertirse en munición.
Hoy el arma apunta en dirección contraria.
El archivo no tiene ideología
Internet no es de Morena.
No es del PAN.
No es del PRI.
No pertenece a la izquierda ni a la derecha.
El archivo simplemente espera.
Y un día alguien escribe tu nombre en el buscador.
Por eso quizá nuestra generación necesita aprender una nueva forma de humildad:
no exigirle al pasado de los demás una perfección que tampoco existe en el nuestro.
Podemos criticar a Liz Vilchis por su desempeño público.
Por lo que hizo desde Palacio Nacional.
Por sus errores periodísticos.
Por sus afirmaciones actuales.
Por la manera en que utilizó una tribuna gubernamental.
Todo eso forma parte del debate público.
Pero convertir este tuit en algo que no fue sería intelectualmente deshonesto.
El mensaje es verdadero.
La frase fue suya.
Y seguramente hoy produce muchas carcajadas.
Pero los “chamaquitos” tenían entre 19 y 21 años.
Todos eran adultos.
Así que el dato incómodo quizá no sea lo que Liz Vilchis escribió aquella mañana.
El dato verdaderamente incómodo es otro:
lo que publicamos en internet puede esperarnos durante toda la vida.
Y para alguien que durante años preguntó desde Palacio Nacional:
“¿Quién es quién en las mentiras?”
el archivo acaba de responder con una pequeña ironía:
esta vez, Liz… el tuit sí es verdadero.
Temas: archivo digital, contexto, Liz Vilchis, One Direction, Redes sociales, tuit verdadero
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