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Del “¡Ya, güey, ya! ¡Pinche pendejo!” al “¡Sí, acepto, con amor y alegría!”. Édgar creció.

Publicado: octubre 12, 2026
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Del “¡Ya, güey, ya! ¡Pinche pendejo!” al “¡Sí, acepto, con amor y alegría!”. Édgar creció. ¿Y nosotros?
Por Max Adame | Desde Feeling.Mx

Édgar se casó. El niño al que millones conocieron cayendo a un arroyo ahora celebra una nueva etapa de su vida. Pero internet, esa memoria que conserva nuestras vergüenzas con extraordinaria precisión, sigue regresándolo al mismo tronco.


Según informó El Imparcial el 11 de octubre, Edgardo Martínez Esparza contrajo matrimonio con la arquitecta Valeria Bermea el sábado 10 de octubre de 2026, en Cuatro Ciénegas, Coahuila. Dos décadas después de aquel video, la noticia ofrece una oportunidad para mirar al adulto más allá del personaje viral.

Porque detrás del “¡Ya, güey, ya!” había un niño pidiendo que dejaran de molestarlo.

Nos reímos de la caída, repetimos sus palabras y compartimos la grabación. La escena se convirtió en entretenimiento colectivo. Conviene preguntarnos cuántas veces confundimos la diversión con el permiso para humillar a alguien.

El muchacho que movió el tronco se llamaba Fernando, amigo de un primo de Édgar. Raúl grabó y publicó el video. Años después, Édgar contó que sufrió burlas en la escuela, aunque también llegaron entrevistas, televisión y publicidad. Incluso dijo que no guardaba rencor a Fernando.

Qué bueno que pudo encontrar oportunidades y reconciliarse con aquella experiencia. Eso no convierte la angustia inicial en algo que debamos celebrar.

Una persona puede superar una humillación. Puede aprender a reírse de ella, aprovechar la atención y seguir adelante. Pero su capacidad para salir adelante no justifica lo que le hicieron.

Tampoco necesitamos perseguir hoy a Fernando para organizar una nueva humillación pública. Reemplazar al blanco de las burlas dejaría intacta nuestra costumbre de divertirnos a costa de otro. Podemos cuestionar aquella conducta sin condenar a una persona para siempre por lo que hizo siendo menor.

La pregunta más incómoda nos corresponde a quienes miramos: ¿sabemos detenernos cuando alguien dice “ya”?

Hoy tenemos mejores cámaras, conexiones más rápidas y plataformas capaces de multiplicar una vergüenza en segundos. También tenemos más experiencia para comprender sus consecuencias. Esa experiencia debería ayudarnos a elegir qué grabamos, qué publicamos y qué compartimos.

Antes de subir una caída, una discusión o el llanto de alguien, podemos preguntarnos cómo se sentirá esa persona al verse expuesta. Especialmente si se trata de un niño.

La boda de Édgar merece alegría sin obligarlo a representar eternamente el papel del niño del arroyo. Tiene derecho a construir recuerdos que no dependan de aquella grabación.

Que esta nueva etapa le traiga amor, tranquilidad y muchos motivos para sonreír.

Y que nosotros aprendamos algo de aquel reclamo: cuando alguien pide que paremos, lo humano es escuchar.

Édgar creció. Nos toca crecer también.

El muchacho que provoca la caída se llama Fernando: era amigo de un primo de Édgar, no su primo. Así lo identifica una entrevista de El País con el propio Édgar, publicada en 2016. Raúl, su primo, fue quien grabó y subió el video.

Edgardo Martínez Esparza, originario de Monterrey, se hizo famoso siendo niño por “La caída de Edgar”, difundido en YouTube en 2006. Mientras cruzaba un arroyo sobre unos troncos, Fernando movió los troncos de madera hasta hacerlo caer, pese a sus reclamos de “¡Ya, güey, ya!”. Fue uno de los primeros grandes fenómenos virales mexicanos; decir que fue el primero resulta difícil de demostrar.

¿Qué ha sido de Fernando, «el pinche pendejo»? No encontramos información verificable sobre su apellido, ocupación o vida actual.

En una entrevista reciente, recogida por Infobae, Édgar explicó que le perdió la pista y que sus primos tampoco mantienen contacto con él. Eso significa que desconocen su paradero, no que exista una desaparición denunciada.

Hay un detalle que matiza esa historia: volvieron a participar juntos en el comercial de galletas Emperador, “La venganza de Edgar”. En 2016, Édgar dijo que no le guardaba rencor a Fernando y reconoció las oportunidades que surgieron después del video. Por tanto, afirmar que nunca volvieron a verse después de la caída sería impreciso.

Sobre llamarlo “el pinche pendejo”: la escena muestra una agresión presentada como broma, con Édgar pidiendo que se detuviera. Sin embargo, Édgar sí relató que sufrió burlas en la escuela después de su difusión del viral.

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