Porque en México, gobernar desde el privilegio tiene un síntoma muy claro: creer que todos viven igual. Que todas las familias pueden reorganizar su vida con facilidad. Que todos tienen automóvil. Que todos trabajan desde casa. Que todos pueden “resolver” quién cuide a los hijos. Que todos tienen dinero para vacaciones, campamentos o niñeras. Y no. La realidad mexicana es muchísimo más complicada, más desigual y más agotadora que las…