México vuelve a tropezar con una vieja costumbre gubernamental: pensar que crear una base de datos equivale a resolver un problema complejo. Ahora el turno es para el registro obligatorio de líneas celulares, una política que prometía orden, trazabilidad y combate al delito, pero que desde sus primeras cifras revela algo más profundo: la distancia entre el diseño burocrático y la realidad social. Los datos son claros. Apenas se han…