Alzar la voz ante el poder era un derecho, hasta que la que lo exigía llegó al poder
Alzar la voz ante el poder era un derecho, hasta que la que lo exigía llegó al poder. Más allá de nombres, partidos, colores o coyunturas, vale la pena detenernos en la idea de fondo. Porque esta reflexión no debería utilizarse únicamente para golpear al adversario político. Debería servirnos para mirarnos todos al espejo. La libertad de expresión no puede depender de quién gobierna, de quién protesta, de quién pregunta…
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