La política mexicana tiene una habilidad extraordinaria para producir ironías. Y pocas son tan incómodas como la que hoy vive Baja California. Durante años hemos escuchado discursos sobre soberanía nacional. Hemos escuchado llamados a rechazar la injerencia extranjera. Hemos escuchado condenas contra gobiernos que opinan sobre asuntos internos de México. Hemos escuchado conferencias completas defendiendo el principio de que ningún país extranjero debe intervenir en nuestras decisiones. La palabra soberanía…